Rubén, Armando, Adrián... no he podido recordar su nombre.
¿Les ha pasado?
Él era... único.
Bueno. Tal vez no tanto.
Era una combinación entre Julián Casablancas, Chetes y un Gusano chihuahuense que escribe, de cuyo nombre no quiero acordarme.
Mi hermana se había intentado suicidar, en su intento frustrado se lastimó una rodilla así que, después de una operación, debía asistir a terapia.
Después de unos cuantos días, él entró por la puerta mientras yo veía la televisión.
Dijo buenas tardes... o tal vez no, yo no me di cuenta puesto que mi mente se había ido a no sé donde cuando quité la vista del canal de historia y lo vi a él.
Era alto, muy alto. Su cabello era castaño y largo pero podía ver sus enormes ojos claros. Tenía barba en su cara de vagabundo, vagabundo adinerado, no parecía necesitar un hogar... sino de un alma.
Era serio, pero al platicar con el terapista siempre sonreía.
Siempre me pregunté qué me atraía tanto de él. Seguramente no eran sus pantalones skinny ni sus Converse One star o sus playeras siempre oscuras. Su cabello emo... tampoco. Si hubiera estado en mi época emo su cabello hubiera sido mi delirio.
No hablaba mucho, pero cuando lo hacía, era muy cordial y educado.
Daba la sensación ser de esos hombres que se les va la vida asintiendo porque el viento les mueve la cabeza.
Siempre lo observaba mientras él se sentaba en la máquina que no sé qué demonios le hacía en el brazo... ah, si... él se había lastimado el brazo.
Alguna vez me vio observándolo. Alguna otra vez yo lo descubrí a él y después... después nos sonreíamos.
Nunca hablamos. Si lo hubiese conocido recientemente... seguro tampoco le habría hablado. Eso aún no es lo mío.
Pero es triste. Es triste porque le extraño de una forma natural y como a los demás, como si lo hubiese conocido de verdad.
Había algo en su actitud, en su espera susceptible de que algo sucediera, había algo en él que me daba ansias de ver.
Algo ahora que me hace extrañarle.
Ésto es raro. En ese momento, ninguno de los dos pudimos haber imaginado que después de tanto tiempo yo estaría extrañándolo y pensando en él. Deseando haberle hablado y haberme metido en su mente y en su falta de alma.
Es raro extrañar a un extraño. Es raro verlo en tantos lados a pesar de ni siquiera recordar su nombre.
Ésta entrada no fue hecha con el fin de gustar, de hacer reflexionar y de cambiar sus vidas. Ni creo que sea buena.
La verdad es que es porque lo extraño y porque necesito sacar ese sentimiento raro.
Espero algún día volverlo a encontrar.
Pero... ¿Les ha pasado?
Cuéntenme, cuéntenme. Si no, me invento cosas de ustedes (:
¡Por cierto! Mi hermana nunca se ha intentado suicidar. Es la mujer más feliz del planeta.... y es actriz, por ello su golpe... gajes de oficio.
Él era... único.
Bueno. Tal vez no tanto.
Era una combinación entre Julián Casablancas, Chetes y un Gusano chihuahuense que escribe, de cuyo nombre no quiero acordarme.
Mi hermana se había intentado suicidar, en su intento frustrado se lastimó una rodilla así que, después de una operación, debía asistir a terapia.
Después de unos cuantos días, él entró por la puerta mientras yo veía la televisión.
Dijo buenas tardes... o tal vez no, yo no me di cuenta puesto que mi mente se había ido a no sé donde cuando quité la vista del canal de historia y lo vi a él.
Era alto, muy alto. Su cabello era castaño y largo pero podía ver sus enormes ojos claros. Tenía barba en su cara de vagabundo, vagabundo adinerado, no parecía necesitar un hogar... sino de un alma.
Era serio, pero al platicar con el terapista siempre sonreía.
Siempre me pregunté qué me atraía tanto de él. Seguramente no eran sus pantalones skinny ni sus Converse One star o sus playeras siempre oscuras. Su cabello emo... tampoco. Si hubiera estado en mi época emo su cabello hubiera sido mi delirio.
No hablaba mucho, pero cuando lo hacía, era muy cordial y educado.
Daba la sensación ser de esos hombres que se les va la vida asintiendo porque el viento les mueve la cabeza.
Siempre lo observaba mientras él se sentaba en la máquina que no sé qué demonios le hacía en el brazo... ah, si... él se había lastimado el brazo.
Alguna vez me vio observándolo. Alguna otra vez yo lo descubrí a él y después... después nos sonreíamos.
Nunca hablamos. Si lo hubiese conocido recientemente... seguro tampoco le habría hablado. Eso aún no es lo mío.
Pero es triste. Es triste porque le extraño de una forma natural y como a los demás, como si lo hubiese conocido de verdad.
Había algo en su actitud, en su espera susceptible de que algo sucediera, había algo en él que me daba ansias de ver.
Algo ahora que me hace extrañarle.
Ésto es raro. En ese momento, ninguno de los dos pudimos haber imaginado que después de tanto tiempo yo estaría extrañándolo y pensando en él. Deseando haberle hablado y haberme metido en su mente y en su falta de alma.
Es raro extrañar a un extraño. Es raro verlo en tantos lados a pesar de ni siquiera recordar su nombre.
Ésta entrada no fue hecha con el fin de gustar, de hacer reflexionar y de cambiar sus vidas. Ni creo que sea buena.
La verdad es que es porque lo extraño y porque necesito sacar ese sentimiento raro.
Espero algún día volverlo a encontrar.
Pero... ¿Les ha pasado?
Cuéntenme, cuéntenme. Si no, me invento cosas de ustedes (:
¡Por cierto! Mi hermana nunca se ha intentado suicidar. Es la mujer más feliz del planeta.... y es actriz, por ello su golpe... gajes de oficio.
Hola!. Ehmmm, sí, a mí también me ha pasado jeje, fue hace poco más de 1 año. Todo sucedió de regreso a casa, en la combi: llegaba ,como siempre, cansado, sudoroso de la frente y con mucha hambre de la prepa. Todo iba normal: la gente, la basura, el agua estancada y un ejército de vendedores ambulantes en medio de la calle dificultando el tránsito de los demás transportes públicos. Un verdadero espectáculo. Hasta que llegué a Fovissste (así se llama la combi, y el lugar donde vivo). Como no vi mucha gente en el asiento de hasta atrás (amo sentarme ahí, siempre lo hago, no me importa si debo esperar) entré con confianza y dí las buenas tardes a todos. Una vez que me quité la sudadera, enredé mi reloj en una parte de mi mochila y tomé agua comencé a prestar más atención a mis compañeros de viaje. Actualmente ya no recuerdo a ninguno de ellos, sólo a ella. Llevaba el uniforme de la escuela, su cabello era lacio de un castaño tan oscuro que la mayoría confundiría con el negro, y sus ojos, aunque solo los pude contemplar mientras estaba despierta, me cautivaron tanto que hasta hoy en día los recuerdo perfectamente. No pude tomar mi siesta diaria durante todo el trayecto, no me cansaba de verla, era de esos momentos que quieres que duren mucho, lo más posible, pero que sabes que no pasarán ni en 100 años. Después de una media hora decidí frotarme los ojos y estirarme lo más que pudiera en ese reducido e incómodo espacio. Me asomé por la ventanilla, ¿cuánto faltaría?, ¿10 minutos?, ¿o tal vez 15?. Ví como pasaban fugaces los carros, había frenones y algunas bocinas de los camiones insultaban al chofer, luego hubo un frenón brusco, alguien iba a bajar, y, preocupado, miré hacia donde se encontraba ella: Ahora estaba despierta, y alcancé a ver como me miraba, por unos gloriosos segundos logré distinguir una sonrisa disimulada, ambos nos sonrojamos y volteamos al mismo tiempo. La situación se repitió unas 2 veces más hasta que se bajó, miré como se perdía en el laberinto de edificios, e intenté, y creo que conseguí continuar con mi vida normal, ¡claro!, sólo que intenté durante mucho tiempo llegar a la misma hora a la base de combis, una veces probé más tarde, otras tantas llegué más temprano, pero conforme pasaban las semanas lo comprendí, y todo aquello que viví ese día lo guardé en la parte más profunda de mi ser para la posteridad.
ResponderEliminarBueno Ireth, ésa es mi historia, aún no sé escribir cosas impactantes o que te atrapen pero espero que te guste, Saludos! :)
¡Omar! Siempre me gusta leerte, y lo sabes.
ResponderEliminar(Acabo de agregar algo al final de la publicación que no estaba cuando la leíste... es que acabo de notar que lo olvidé. Es importante, jaja.)
Lo que contaste es ese tipo de historias que no quieres que acaben. Cuando dijiste "Me asomé por la ventanilla..." mi interior ansiaba leer que tu decisión era "No importa cuánto tiempo queda, le hablaré" Y después de unos milisegundos recordé de qué habla la entrada... "extrañar a un extraño" y supe que eso no iba a pasar...
"pasaban las semanas lo comprendí..." Uno comprende TANTAS cosas. Mírame a mi... más de un año y sigo pensando en un extraño al que solía ver dos veces por semana y al que nunca le hablé. ¿Qué tan ridículos somos, Omar? Jaja.
La posteridad siempre sorprende... pero me agrada que me haya tomado en sus planes y que ahora vengas a contármelo.
¡Saludos!
:D
ResponderEliminaryo también me he enamorado de un extraño!
aunque curiosamente, después de reconocer que no lo volvería a ver, mi memoria guardó la anécdota en un archivero que aún es de difícil acceso para mi...jeje por lo tanto no logro recordar qué sucedió...
lo que sí recuerdo muy bien es la más reciente ocasión en la que me enamoré de un extraño!
...tal vez porque ahora ese ser extraño me acompaña a disfrutar de tardes y risas mágicas!
:)
Me alegra saber que también te ha pasado. Eso del 'archivero oculto' no me extraña en ti.
Eliminar¿Qué sería de nuestras vidas sin esos 'seres extraños'? Aceptémoslo... son maravillosos.
Te quiero, Erika ♥
Mmm...Ése tipo de cosas me sucede mucho, aunque no precisamente con un extraño, suelo conocer gente que sé que es interesante e inteligente, que no saben lo que daría por meterme en su mente, y dejar que ellos visiten la mía, compartir ideas, discutir temas que a ambos nos interesen... pero algo me detiene, no me deja acercarme a ellos, tal vez paso demasiado tiempo con gente ignorante y un tanto inmadura que cuando tengo la oportunidad de conocer a alguien inteligente, me siento menos, no sé cómo hablalres, y de cierta forma hasta me intimidan, y de pronto todo se disuelve en puras fantasias, y sólo me queda extrañarlos, tal y como se extraña a un extraño.
ResponderEliminarSaludos!
Hola, desconocido agradable.
EliminarMe preocupa... porque me es familiar el sentimiento. Es abrumante tener que comportarse la mayoría del tiempo como un completo idiota.
Pero ¿te digo un secreto? los idiotas no tienen miedo. No se intimidan... hablan. Tonterías, pero hablan.
Yo también debo trabajar en eso. Porque más de una vez he sido cobarde y hasta el momento me escondo en lo que encuentro ante personas que me agradan.
Probaré ser idiota. ¿Pruebas conmigo?
¡Saludos!
... sus ojos azules como el cielo, sus cabellos rubios, sus lágrimas en mi hombro... tan solo fuimos dos extraños que, para bien o para mal, coincidieron en ese lugar, en ese momento. Ella necesitaba a alguien, yo estaba ahí y, ¿La ayudé? Me gusta creer que sí. Aunque me gustaría, la verdad dudo mucho que algun dia la vuelva a ver, pero lo cierto es que esos minutos que pasamos juntos, nunca los olvidaré.
ResponderEliminarIreth, hace tiempo descubrí tu blog, y encerio tengo que decir que me ha gustado mucho lo que he encontrado aquí. Creo que tienes mucho potencial como escritora y pues... bueno, no creo que haya más que decir más que lo que ya te han dicho. Tienes talento, felicidades, y continúa por éste camino, lo haces bien :)